Presentación: "Encierro"

Querid@s,

No deseo saturar vuestras pantallas con otra opinión, otro vídeo, otro consejo en medio de la situación probablemente más extraña que hayamos vivido TODOS colectivamente (y hemos vivido situaciones extrañas...). Curiosamente, excepto en lo que concierne a necesidades básicas, probablemente la ayuda más valiosa que nos podemos prestar los unos a los otros es hacer menos. El sol, un símbolo para mí de la compasión, no se esfuerza lo más mínimo en darnos su luz y su calor pero llega con fuerza a todos, y nosotros lo recibimos en función de nuestras necesidades. Así que aquí quedan estos párrafos que deseo compartir solo con los que tengan suficiente interés para seguir leyendo.

La crisis del COVID-19 está siendo una situación atípica para mí por razones muy personales. Creo que el virus, como cualquier circunstancia vital, nos pega a cada uno donde más nos duele (donde somos vulnerables y requeríamos atención antes del virus). Yo ya me había encerrado en casa, feliz, cuando dejé de "trabajar" en febrero para dedicarme a mis cosas. Yo ya enfrentaba incertidumbre económica, feliz, a cambio de la ilusión de un futuro más tranquilo. Ya me había apartado del estrés de mi vida laboral como profesional de la salud porque me parecía inaguantable. Yo ya defendía la opinión, como muchos, de que el sistema al que todos contribuimos era, es, insostenible, ineficaz, y soñaba con algo nuevo. A la vista está la respuesta bastante deficiente de nuestro mundo a un virus.

Me alejaba del estrés, pensaba, pero como decimos en España, "si no quieres sopa, toma dos platos (o dos cazos, según a quién le preguntes)". No esperaba encontrarme a finales de marzo esta gran necesidad de servicios de salud mental online o la anticipación de que todavía va a haber más. Deseo con todo mi corazón ayudar pero   nuevamente me enfrento a mi ansiedad de siempre, aquella de la que estaba tratando de huir. Podríamos llamarla, en mi caso, saturación estimular, parecida a una dificultad de mayor gravedad en personas en el espectro autista. Es eso y el miedo a que la gente no me quiera si no cumplo con sus expectativas. Por eso no he conseguido despegarme del WhatsApp durante 2-3 horas cada día la semana pasada (afortunadamente nunca me enganché a FaceBook o Instagram, que solo uso profesionalmente); por eso me he puesto a organizar frenéticamente un calendario de meditaciones online que ya había planeado hace muchos meses, como saben todos los que me conocen..

Tomé las decisiones que quise tomar y estoy haciendo lo que siempre he querido hacer. ¿Por qué me estreso entonces? ¿Si me siento abrumado, por qué no me tomo un descanso y después continúo? ¿Qué objetivos poco realistas estoy imponiéndome yo mismo en mi día a día? Aquí está nuevamente esta ansiedad y me encuentra "encerrado": Encerrado en mí mismo, sin perspectiva, no viendo más allá de mis narices. Olvidando la mejor manera para atender las necesidades de otros dentro de mis posibilidades, olvidándome de la gran historia, y descuidando mis propias necesidades porque éstas mismas me obsesionan. Encerrado en mi miedos en un agujero negro tratando de evitar mis miedos.

En realidad mis miedos solo me informan de que hay algo que podría hacer mejor. Puedo empeñarme en seguir batallando con ellos, negándolos o evitándolos, y hacer mi vida más difícil, o puedo hacer lo que ya sé que funciona y que a veces me sale, gracias a mi práctica de mindfulness y compasión. Puedo hacerme su amigo, hacer espacio y ponerlos en su contexto, el contexto de lo que quiero y lo que puedo, y en el contexto de la gran historia de todos. Puedo, así, aceptarlos, escucharlos e incluso dejar que me aconsejen y me guíen, sin resistencia pero sin hacerme su esclavo (ambas cosas, dos polos de lo mismo, porque cuanto más resisto algo más poder tiene sobre mí).

Lo que quiero decir es que en medio de esta crisis, en medio de noticias deprimentes y aplausos inspiradores, de miedos y oportunidades, todo parte de la verdad, de la gran historia, elijo aceptarlo todo. Elijo la esperanza de que podemos construir juntos a partir de esta incertidumbre, pues es esta incertidumbre la que deja paso a la creatividad y a la posibilidad de mejorar colectivamente algo que no funcionaba. Nuestro modelo insostenible dejaba en la miseria a la mayor parte del planeta, en el estrés más absoluto a la minoría para la que aparentemente funcionaba, y agotaba nuestros recursos naturales y humanos. Pero no sería posible mejorar si ya lo hubiésemos resuelto todo.

La luz no existe sin la oscuridad. El sol sólo tiene sentido en un firmamento oscuro. Mis miedos me construyen y son promesa de libertad. Mis amig@s y mi familia, saturad@s y con miedos como yo, se empeñan en seguir conectad@s y en recordarme que soy valioso aunque yo no haga absolutamente nada, aunque no cumpla las expectativas de nadie. Me recuerdan que soy valiente aunque tenga miedo o precisamente porque tengo miedo. Junt@s, somos valios@s y somos valientes. Mejorar también asusta, claro, duele, como a la langosta le duele romper su caparazón para crecer. Pero os digo lo que me digo a mí mismo cada noche antes de conciliar el sueño. "No tengas miedo", que creo que quiere decir "no entretengas el miedo pero no lo resistas". Creo que alguien, no sé quién, me lo susurra al oído. Se lo habré oído a alguna persona por ahí. Pero, claro, no estoy solo. Nadie lo estamos.

Samuel Fernandez-Carriba